LAS LEYES DE LA ESCRITURA DE EDMOND SOLANGE PELLAT Y LA PERICIA CALIGRÁFICA
El perito calígrafo cimienta sus estudios en una serie de premisas y fundamentos establecidos entre los que no se puede argumentar sobre el estudio de la pericia caligráfica sin tratar las leyes de la escritura establecidas por Edmond Solange Pellat, leyes que siguen siendo fundamentales para establecer las bases de la pericia caligráfica, y no solo de esta, sino también de la propia grafología. En definitiva, de la escritura manuscrita y de todos los campos científicos que la estudian.
Junto al Decálogo Grafotécnico de Félix del Val Latierro (1905-1993), constituyen verdaderos principios irrebatibles aunque hayan evolucionado y actualizado.
Entendemos por ley toda aquella manifestación gráfica constante e invariable nacida de las propias cualidades y condiciones del acto escritural.
De este concepto hay que destacar el carácter de generalidad que lleva aparejado, es decir, su ámbito universal de aplicación. En otras palabras, los principios que se enuncien como «leyes de la escritura» son independientes del tipo de letra, idioma o alfabeto utilizado.
De lo dicho se desprende una primera ley que, aunque obvia, formularemos utilizando las palabras de Jean Gayet:
«Cada individuo posee una escritura que le es propia y que se diferencia de las demás»
Existen, además, otras leyes que incluiremos, según su contenido, en uno de los siguientes grupos:
- Leyes gráficas: Se refieren a la escritura en sí y en relación con los órganos motores de la misma.
- Leyes de la personalidad: Atienden a las manifestaciones escriturales de la personalidad.
De ambos conjuntos de leyes se derivan distintas consecuencias que, combinadas entre sí, acaban indicando las características generales de cada tipo de escritura. El conjunto de leyes constituyen una ciencia en sí misma por cuanto analizan los fenómenos gráficos de forma objetiva, independientemente de las escrituras individuales objeto de estudio, fijando las bases y obteniendo los mismos resultados, experimentando correctamente, para revelar las causas y efectos de la escritura. Todo ello encamina a la emisión de estas leyes a las que el propio Solange Pellat denominó Grafonomía.
Otra de las bases que permiten emplear las leyes de la escritura de forma generalizada, con aplicación a la escritura en general, es que son de aplicación, independientemente del alfabeto empleado, lo que no afecta al tipo de letra concreto. Bien es cierto que, precisamente por ello, algunas de las leyes pueden observarse con mayor frecuencia en un alfabeto u otro. De ahí que sea más cómoda su aplicación en determinados alfabetos, como el nuestro, o en alfabetos con un profundo conocimiento de ellos.
Solange Pellat también tuvo en cuenta que “Si las leyes de la escritura son exactas, sus interrelaciones no lo son siempre”, es decir, en la escritura, una misma causa, produce un mismo efecto pero las manifestaciones gráficas manifiestamente semejantes para un observador, pueden tener diferentes orígenes. Procedemos ahora a detallar dichas leyes tal cual las expuso Solange Pellat.
|
PRIMERAS LEYES DE LA ESCRITURA DE SOLANGE PELLAT. |
|
Primera Ley. El gesto gráfico está sometido a la influencia inmediata del cerebro. El órgano que escribe no modifica la forma de aquel si funciona normalmente y está adaptado a su función. |
|
Segunda Ley. Cuando uno escribe, el YO está en acción, pero el sometimiento casi inconsciente de esta actuación pasa por alternativas de mayor o menor intensidad. Adquiere el máximo de intensidad cuando tiene que realizar un esfuerzo, es decir, en los comienzos, y el mínimo de intensidad, cuando el movimiento escritural viene secundado por el impulso adquirido, es decir, en los finales. |
|
Tercera Ley. No se puede modificar voluntariamente en un momento dado la escritura natural más que dejando una señal del esfuerzo realizado para lograr el cambio. |
|
Cuarta Ley. El que escribe en circunstancias en que el acto de escribir es particularmente difícil, traza instintivamente, o bien formas de letras que le son habituales, o bien formas de letras muy sencillas, de un patrón fácil de construir. |
Desde estas cuatro leyes, como base fundamental, Solange Pellat enunció leyes fundamentales complementarias, matizando el contenido de estas y mejorando considerablemente su sentido funcional.
Primera ley de la escritura de edmond solange pellat
En el presente artículo, analizaremos la primera ley de Solange Pellat que, con el tiempo, ha evolucionado y se puede resumir en algo más simple:
«Quien escribe es el cerebro»
Hoy también se conoce como Ley del impulso cerebral.
Como acto neurofisiológico y psíquico que es la escritura, esta viene ejecutada por un órgano escritor –habitualmente las manos, bien izquierda, bien derecha, pero también pueden ser órganos escritores la boca, los pies, incluso los antebrazos, unido a la musculatura y al sistema nervioso central (SNC) implicados-, reproduciendo con mayor o menor destreza (dependerá del entrenamiento) una composición escritural propia, con sus habitualismos gráficos (gestos-tipo – elementos idiosincráticos) que le permitirán identificar dicha escritura como propia, a menos que el cerebro esté dañado.
Es intranscendente la parte del cuerpo que usemos para escribir, pues cualquiera podrá entrenarse y podremos llegar a realizar una escritura muy similar, no siendo el órgano escritor quien marca la escritura sino que viene instruido por el cerebro y el Sistema Nervioso Central (SNC), distribuyéndose de igual forma por todo el cuerpo.
A medida que se aprende a escribir desde la infancia, por norma general con nuestra mano hábil, hemos de entrenar dicha habilidad para llegar a tener una escritura organizada, con un desarrollo grafoescritural normal para un adulto. Por tanto, no podemos hablar de escritura organizada en un niño, por ejemplo, que aún está practicando y ejercitando la función escritural.
Si esto mismo se hubiese de realizar con otro órgano (pies, boca, antebrazos), el niño llegaría con la práctica a obtener el mismo resultado. La mayor dificultad se presenta en un adulto que ha de volver a reeducarse en la escritura como, por ejemplo, en una persona que pierde los brazos o la movilidad de los mismos y aun con todo, en muchos casos se puede conseguir, gracias a la plasticidad cerebral y con el entrenamiento, por supuesto.
Con el tiempo y, por lo general, la plasticidad cerebral va en descenso por lo que no es igual que un niño aprenda a escribir con la mano menos hábil o con el pie, a que lo tenga que realizar un adulto. Su entrenamiento habrá de ser mayor y puede darse el caso de no recuperar completamente la funcionalidad escritural como la tenía antes.
En definitiva, el órgano escritor, sea cual sea, se puede entrenar para que reproduzca nuestra escritura, con mayor o menor destreza, pero si nuestro cerebro está dañado, dicha reproducción escritural se verá afectada.
Al sentido de esta ley, también se ha de tener en cuenta el útil escritural que se emplee para escribir y el tipo de tinta que contenga (bolígrafo, tinta gel, pluma,…), el soporte (papel, cartón, madera, pared,…) donde se escriba así como las condiciones psico-físicas personales del escribiente (su cansancio, estado emocional o el simple malestar de un catarro o dolores articulares, por ejemplo,…).
Todos estos factores también afectan a la escritura pero, por norma general y dependiendo de la mayor o menor influencia que puedan ocasionar, las variaciones afectarán en general a los elementos gráficos accesorios de la escritura, los cuales son los determinados por condiciones externas al sujeto o temporales por cuanto los elementos gráficos esenciales vendrán determinados por el cerebro.
