En la cuarta ley, también conocida como ley de la permanencia de los caracteres, continúa su contenido exponiendo:
«Esta ley es el resultado del llamado principio del mínimo esfuerzo. Ejerce especialmente su influencia en las personas que se ponen ocasionalmente a escribir con la mano izquierda, en los que hacen a un texto adiciones interlineales, en los que se encuentran en un vehículo en movimiento y por último en los que están enfermos y en la cama.
El concepto, que es simple, por desgracia no siempre está presente en la mente de los que trabajan para la justicia. Desempeña un papel importante en el peritaje de cartas anónimas, en las declaraciones fraudulentas y también en los testamentos ológrafos, muchos de los cuales son hechos por gente muy debilitada fisiológicamente.»
Las circunstancias adversas simplifican y reducen los trazos, pudiendo eliminarse elementos gráficos accesorios y complementarios, pero en ningún caso harán cambiar la escritura.
Cuando se comentan «circunstancias adversas» hablamos de diversos motivos en diferentes ámbitos: desde escribir en una postura incómoda hasta verse forzado a escribir bajo coacción o, incluso, mano guiada, entre otras circunstancias.
A esta ley no necesitó añadir nada Jean Gayet pues consideró sus contenidos suficientemente explícitos como para no requerir ninguna consideración complementaria.
Pero sí aportó su visión Matilde Ras, en su libro Historia de la escritura y grafología, de 1951, añade:
«No es posible, por tanto, al falsificador mostrar mayor cultura de la que posee. Puede, teniendo a la vista una letra que desee imitar, copiar, como quien dibuja una letra y hasta un grupo de letras a las auténticas, como hábil copista; pero en cuanto se trata de escribir un nuevo texto, que se quiere hacer por verdadero, le falta su arte en cuanto a las manifestaciones de cultura. La razón es obvia: la cultura se muestra por medio de simplificaciones gráficas, que no son posibles de ejecutar al que no posee la técnica suficiente.
Es exactamente lo mismo que si alguien se propusiese simular que sabe montar en bicicleta no sabiendo. En cambio, y aunque difícil, es posible simular en la escritura más ignorancia de la auténtica y complicar las letras. Cabe el calco de la letra que le es superior en cultura al falsificador; pero, en tal caso, la misma perfecta igualdad lo delata. Con libertad de mano, jamás dos firmas de la misma, superpuestas, coinciden de modo exactamente (miradas al trasluz). Si coinciden, hay fraude.»
Leyes complementarias de Edmond Solange Pellat
Posteriormente, Solange Pellat añadió diversas leyes fundamentales que, aun cuando han sufrido cambios expresivos, mantienen la esencia de su sentido práctico, complementando las bases del estudio de la escritura, bien hacia la grafología, bien hacia la pericia caligráfica.
Dentro de las leyes de la personalidad, están las denominadas «leyes fundamentales de la personalidad o de las manifestaciones individuales» importadas de la Grafología y que son las siguientes
Primera. Ley de la influencia nerviosa
Los mecanismos psicológicos que engendran los gestos escriturales están en relación con el estado orgánico del sistema nervioso central y varían con arreglo a las distintas modalidades de este estado.
Este principio entraña tres corolarios:
- Las primeras letras o comienzos de las palabras o de los grupos gráficos asimilables a las mismas, y especialmente la primera letra, representan al escritor con relación a las que le siguen en la escritura.
- Como consecuencia de un fenómeno de asociación de ideas, las mayúsculas, cuya misión esencial es la de encabezar las palabras, representan particularmente al escritor.
- En aquellas letras cuyo movimiento de formación es susceptible de ser descompuesto en partes sucesivas de izquierda a derecha, la primera parte, y en algunos casos otras partes, representan al escritor con relación a las siguientes.
Segunda. Ley de la influencia del YO
Los movimientos gráficos que manifiestan el egocentrismo o el heliocentrismo son gestos determinados por la posición en la cual se siente inconscientemente el escritor con relación al trazo.
Esta ley no es otra cosa, en realidad, que un aspecto de la mímica, la que obliga a replegarse sobre sí mismo en los momentos de reflexión, que se dirija la mano hacia lo que se indica, que se cierre el puño en la amenaza, etc.
De este principio se derivan, asimismo, otros tres corolarios:
- Un trazo que no exista en los modelos aprendidos o que haya sido desviado de su posición normal, indica un movimiento en el pensamiento del que escribe hacia su persona cuando se dirige hacia la izquierda o hacia abajo, es decir, hacia el escritor y, por el contrario, el pensamiento irá fuera del que escribe cuando el trazo se dirija hacia la derecha o hacia arriba, es decir, en dirección contraria a la que se halla el escritor.
Los caracteres o elementos representativos del egocentrismo, es decir, de los que tienden a hacer resaltar la personalidad del que escribe, son los siguientes: letras de curvas cerradas, rasgos inferiores dirigidos hacia la izquierda o hacia abajo, trazos descendentes rectos o aporrados, profusión de curvas de concavidad izquierda o inferior, curvas concéntricas y aislamiento de las iniciales por desviación de los enlaces.
- Una curva constituida por una concavidad única, que no exista en los modelos aprendidos o cuya convexidad haya cambiado de lugar, indicará un movimiento en el pensamiento del que escribe hacia su persona cuando la concavidad esté vuelta hacia la izquierda o hacia abajo, es decir, hacia el escritor, y, por el contrario, indicará que el pensamiento del que escribe va hacia fuera de él cuando la concavidad esté vuelta hacia la derecha o hacia arriba, es decir, en dirección opuesta a la en que se halla el escritor.
- Una curva que se cierra sobre sí misma, si lo hace en forma concéntrica, indica un movimiento en el pensamiento del que escribe dirigido hacia sí mismo.
Todo este argumentario aquí establecido es un resumen de todo lo expuesto por el propio Solange Pellat, siendo recomendable la lectura completa de su obra.
